¡Halagados seamos todos!
Y me dijo: “Cuando sea mayor no le podrás decir tantas veces que es guapa”. Ya, porque cuando empiece a hablar e ir a la escuela sólo dirá ¡soy guapa, soy guapa!, ¿no? Pero claro, también le estoy diciendo la verdad. Para mi, ella es preciosa. Y lo es. No sólo lo digo yo. Lo dicen muchos. Ella se durmió, mirándome con sus enormes oscuros ojos. Aún es muy pequeña, siete meses, y sólo habla con sus grandes y expresivos ojos negros. Y, así, mientras ella se dormía, terminó la conversación con mi madre. A partir de aquí me planteé que ¿Cuántas veces podemos decir la verdad?, o ¿Hasta cuantas veces podemos decir nuestra verdad?, ¿Hasta qué edad podemos decir palabras bonitas? o ¿Cuántas veces podemos decir lo que sentimos?, ¿Tengo que regular los halagos?, ¿Por qué tengo que dejar de decirle que es guapa, si lo es? Cuando nacemos todos somos iguales. No tenemos miedos, no tenemos dudas, no sabemos que es lo bueno ni que es lo mal...