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Saber y perder y aceptar

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Si te pregunto, ¿sabes perder?, o ¿aceptas perder?, ¿Qué contestarías? Te dejo unos momentos para que lo pienses. * sí * * no * * a veces * * depende * *
A lo mejor enseguida contestamos que sí. Que sabemos perder, nos pensamos que sabemos perder, no obstante, nuestra actitud ante una pérdida es la que demostrará realmente si sabemos aceptar nuestra situación. Perder un concurso, perder una lotería, perder un juego, perder un trabajo, perder una pareja, perder un amigo, perder un papel, perder un objeto, perder una idea, perder las palabras… pienso, que cuando no aceptamos perder es porque quien realmente está perdido es uno mismo… es haberse perdido a sí mismo… (Y en muchas ocasiones ya hace tiempo) Cuando buscamos el significado de perder se define como dejar de poseer una determinada cosa (que se poseía) a causa de alguna circunstancia. No obstante no estoy del todo de acuerdo con esta definición. En primer lugar porque la palabra poseer no me gusta y en segundo lugar porque pienso que podemos p…

El sonido del ruido

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Cuando era pequeña y en alguna ocasión la tiza de la pizarra hacía un ruido un tanto especial muchos tenían escalofríos. A mi este ruido no me provocaba ninguna molestia. Pero como todos, sí que tengo algún sonido que me molesta y me hace chirriar. Si piensas un momento seguro que tú también tienes aquel ruido que preferirías evitar escuchar.



Mi ruido es el que provocan los platos y cualquier utensilio de cocina al ser colocados en el armario o al ser movidos y chocar entre ellos.
Me explico. En mi casa no tenemos lavavajillas pues lo hacemos de forma tradicional. Lavarlos y dejarlos escurrir. Pues bien, si no soy yo la que lo guarda todo, si la persona que lo hace, hace mucho ruido, me molesta muchísimo. La verdad es que no entendía porque me molestaba tanto (Ahora ya lo se. Lo leeréis más adelante), pero es como si me explotaran los tímpanos. Mi abuela y mi padre son los más “exagerados” guardando los platos. Me molesta tanto este ruido que muchas veces cuando empiezan a colocarlo, m…

Mes a mes

El post de hoy es un poco diferente a los anteriores. Hoy tengo que comunicaros una triste, a la vez que bonita, historia. Como decía en mi presentación, un blog debe tener una constancia. Aunque sea una vez al mes, pero constancia. Hasta hoy la he podido mantener; no obstante, inicio un nuevo proyecto que me ocupa muchas horas al día y ya no puedo mantener el ritmo de escribir cada jueves.
Inicio un proyecto llamado Coraliness, podéis encontrarlo en www.coraliness.com, al cual tengo que dedicarle mucho tiempo. He estado pensando mucho cómo coordinarme, ya que no quiero cerrar el Blog de Los Recursos de Coral; no obstante, tampoco puedo asegurar como hacer las publicaciones. Mi intención es una vez al mes, pero no lo puedo garantizar. Os pido disculpas de antemano. Pero ya sabéis que cuando lo publico lo comparto en mis redes, así que enteraros, os enterareis. ;)
Quiero aprovechar este post para agradeceros a todos los que me leéis, que sois muchos más de los que imaginaba. Y sois muc…

¡Halagados seamos todos!

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Y me dijo: “Cuando sea mayor no le podrás decir tantas veces que es guapa”. Ya, porque cuando empiece a hablar e ir a la escuela sólo dirá ¡soy guapa, soy guapa!, ¿no? Pero claro, también le estoy diciendo la verdad. Para mi, ella es preciosa. Y lo es. No sólo lo digo yo. Lo dicen muchos. Ella se durmió, mirándome con sus enormes oscuros ojos. Aún es muy pequeña, siete meses, y sólo habla con sus grandes y expresivos ojos negros. Y, así, mientras ella se dormía, terminó la conversación con mi madre.
A partir de aquí me planteé que ¿Cuántas veces podemos decir la verdad?, o ¿Hasta cuantas veces podemos decir nuestra verdad?, ¿Hasta qué edad podemos decir palabras bonitas? o ¿Cuántas veces podemos decir lo que sentimos?, ¿Tengo que regular los halagos?, ¿Por qué tengo que dejar de decirle que es guapa, si lo es?



Cuando nacemos todos somos iguales. No tenemos miedos, no tenemos dudas, no sabemos que es lo bueno ni que es lo malo... en definitiva, que somos, podríamos decir, neutros. A medi…

Prefiero que seamos amigos

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A raíz de ir con mi madre al teatro a ver la obra protagonizada por Lolita Flores y Luis Mottola, “Prefiero que seamos amigos” y como ellos mismos lo definen: es una sentencia que condena cualquier expectativa hacia la persona amada, que te destruye la ilusión de ser objeto de deseo, de pasión, de formar una pareja, de ser la media naranja de tu amor… Reinan las frustraciones y las palabras están llenas de sentimientos no comprendidos, y las insinuaciones y mensajes sutiles no son captados. La lucha interna de la mujer segura de sí misma, hecha y derecha, con toda una vida a sus espaldas, independiente y satisfecha consigo misma, que se enfrenta a la terrible inseguridad y al miedo de no ser nunca más deseada ni dichosa en el terreno del amor. Las relaciones y la búsqueda del amor nunca son fáciles y aquí disfrutamos de la odisea que es para Claudia y Valentín aprender a quererse. Tamzin Townsend.
Cuando leí esto sentada en el teatro esperando a que empezara la obra, me acordé cuando t…